EL NIÑO DE LA CORNETA

Por Antonio Vázquez Bayón.

Cantillana (Sevilla), 20 de Septiembre del 2019.

Curiosamente, nunca le había sido inculcada esa afición en su casa. Sí, eran cofrades, amaban la tradición el costal… pero nunca lo que ese joven chiquillo una vez pidió hacer a sus padres : poder ofrecer lo mejor de su vida, su corazón mediante los acordes celestiales que caminan tras las andas de Jesús y María.Él, adoraba la percusión, mas no lo pudieron dejar.. y quisieron que la corneta empezase a tocar.

Aquel joven niño comenzó a crecer. Primero fueron acordes de dolor y agonía bajo el son de tambores y cornetas, pues él siempre había querido proclamar al mundo el padecimiento del Señor en esta forma tan singular como es la musical.

Pasado el tiempo, y sin ninguna premonición, aquellos primeros acordes se disiparon tras su desparición… y de nuevo quiso volver a tener su sitio entre los mejores que pudiesen entonar la musicalidad de forma magistral…

Y lo encontró. De la forma en que menos cabía de esperar : había entrado junto los acordes de aquella que era la Excelsa Intercesora ante de Dios de su familia, de su gente, de los suyos… Allá donde los escuchaba desde siempre, el lugar muy cercano al cual lo vieron dar sus primeros pasos.

Sí, y él era consciente… el sitio donde el Señor va dormido, han cesado sus dolores y lo llevan yacente, y al pie de la Cruz, donde su Casa es convertida en magna Ermita… lo intenta abrazar desconsolada en Soledad, la Virgen María.

Lo había conseguido. El mayor de sus sueños era ahora realidad.

Iba y venía, de un lado para otro ofreciendo su gran talento para el sentir musical cofrade… la gente lo aclamaba, ese sentimiento tras un instrumento era muy difícil de encontrar en esos días… Pero ya ese niño se hizo joven, y seguía con una pena.

Sí, había tocado para multitud de advocaciones de la Santa Regina, dado conciertos en sus Moradas… No, todo el mundo sabía lo que realmente el dolor le llamaba… No podía tocar detrás de la que en su vida, lo es todo.

Su alfa y omega. El principio, y el fin… los cuatro puntos cardinales que dirigían su destino allá por donde cruzaba o pisaba por la vida.

Esa Niña era también casi su vecina, pues habitaba en el mismo pueblo que él. Lo denominaban el »Gran Palacio»… Todo poco para una Monarca, mas quizás distinta a las demás.

Accedía por el pequeño postiguillo que separaba el interior de tan antiguo joyero. Presidiendo, María era elevada a los Cielos en Cuerpo y Alma… y a la derecha, cuán pequeño relicario se tratase, pues no le hacía falta tanta grandeza; estaba Ella.

María, no llevaba presea de oro… ni falta que le hacía, pues tocaba su larga melena azabache y gitana, una pamela bonita, adornada con esbeltas flores traídas por golondrinas.Ella de tanto andar, se sentía cansada… y bajo el cobijo de un granado sobre la roca se queda sentada. Para apoyo en el camino, lleva sobre sus manos un cayado divino; y mientas va caminando le hacen compañía ovejas y corderillos… las almas de los buenos pastoreños que un día se llevó consigo… para allá en el Santo Risco del firmamento, proseguir el eterno camino.

Ella así lo quiso. Sabía lo mucho que lo amaba aquel joven y no puedo evitarlo, intercedió con su cayado para obrar el milagro.

Y es que hace dos epílogos del verano, que aquel niño ya hecho joven lo tenía todo cumplido : tocaba melodías celestiales, y tras ello la otra gran alegría pues lo hace caminando tras su Señora, aquella a la que llaman, Pastora Divina.

Y volverá a estar con su pueblo, sobre el cielo revestido color rojo y gualda; entre un estallido de cohetes y el repique jubiloso de las campanas. Llorarán los viejos, convertidas sus lágrimas en pétalos de rosas al ser despojada del sombrero, al llegar a la gran catedral cupulada. Y despedirá a su gente con tierno y dulce amor, a llegar allá donde parece surcar las nubes… lugar conocido como el reloj..

No pude estar contigo, pero sé amigo mío que ante tan bella y divina Mirada, lo habrás realizado a la perfección cuan flautista no hubiese conocido partitura.

Nunca lo sueltes de tu mano. Sé su único sendero, se su guía… Pastora, dale el cariño y la tranquilidad de tu alma.

Alberga este pueblo una Virgen,

dulce de sí y de por más,

las llevan por las calles,

sus hijos y su Hermandad.

Con alegría te van acompañando,

el instante que le tocan,

porque ninguno quiere,

que jamás camines sola.

Celestial Princesa eres lucero,

con magna maternal ternura,

y por eso te alabamos,

con cariño y dulzura.

Qué hermosa cae la noche,

sobre tejados y tendidos,

ya van todos abrumados,

también quieren al Pastor Divino.

Todos van exclamando,

»¡Viva la Madre de Dios!»,

que viva la »Señá» Santa Ana,

la Madre, que a ti te parió.

Señora, ¡qué guapa eres!,

te pongan como pongan,

fuese con tu pamela,

o Corona de Soberana esplendorosa.

Solo viven para ti,

van pensando en tu figura todos los días,

y nunca dejan de decirlo,

¡VIVA LA PASTORA DIVINA!.

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