EL ROCÍO DE TRIANA VOLVIÓ A SAN JACINTO ANTES DE COMENZAR SU CAMINO

Por Antonio Vázquez Bayón.

Durante toda esta semana, Sevilla ha sido un hervidero de intensa fe. Una fe que no entiende de fronteras y traspasa más allá de lo que cualquier mortal podría imaginarse, una devoción que huele a romero y amapola, a sombra bajo los pinos y el testimonio de las amapolas escondidas por entre los dorados trigales… un amor sin duda, que lleva hacia la Patrona de Almonte, la Virgen del Rocío.

Un año cargado de intensidad por conmemorarse el Centario de la Coronación Canónica de la Blanca Paloma, y en concreto la Hermandad filial de Sevilla (Triana) comenzó su andadura hacia la aldea de la Pastora con una connotación histórica.

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La carreta de la Hermandad de Triana por la calle San Jacinto.

Treinta y siete años han tenido que transcurrir, para que el simpecado del arrabal volviera a pisar los azulejos de la que fuera su casa durante mucho tiempo, la Iglesia de San Jacinto, templo en el que fue trasladado en santo Rosario de la Aurora para celebrar la Misa de Romeros.

Momentos vividos con gran intensidad sobre todo en la mirada de los más veteranos de la corporación rociera puesto que vieron recuperada una añeja estampa que seguramente quedó guardada en las alforjas del alma durante su juventud ante de la contrucción de la capilla y actual sede canónica de la hermandad.

Vivencia inexpicable cuando al finalizar la solemne eucaristía preparatoria para cruzar los senderos que llevan hacia la »Virgen de la cara blanca», resonó en las altas naves de la Iglesia la salve de los trianeros hacia la »Chiquitita» como apodan cariñosamente los peregrinos y hermanos de la nómina a la pequeña réplica que albergan de la Santísima Virgen, al igual que un año más fue emotivo el recorrido de la carreta por San Jacinto, Castilla y Chapina recibiendo el calor de sus vecinos entre sevillanas, grandes »petalás» y lágrimas por los que buscaron las marismas del cielo o por cuestión de salud, situación económica o edad ya no pueden acompañar a la larga hilera humana que deja tras de sí este pequeño fragmento almonteño que desde hace 206 años halla su consuelo en Ella al arriar en los corazones de muchos.

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