La Anunciación de un Valle de Lágrimas

Por Gonzalo Martín Silguero.

Sevilla, 11 de Octubre del 2019.

Al final de la calle Laraña, esquina con la Plaza de la Encarnación (o como los más modernos conocen como “Las Setas”), junto a la ilustre, pero a la vez misteriosa, facultad de bellas artes, se encuentra la Iglesia de la Anunciación, en la cual se aloja la Hermandad del Valle, la cual realiza su estación de penitencia en la jornada del Jueves Santo.
Ironía de la vida que ésta hermandad resida anexa a dicha facultad mencionada anteriormente, dado que en ella descansan algunos de las más grandes ilustres personalidades de época de oro de nuestro país, entre ellos nos encontramos con los hermanos Bécquer.

Y cabe destacar lo de misteriosas, dado que hay una leyenda que cuenta que en ocasiones se han escuchado sonido y registrados sonidos de algunas de éstas personalidades manifestándose, ¿pero, y si esas manifestaciones son únicamente porque hasta los difuntos no son capaces de no pasarse a admirar las grandes imágenes que en la Anunciación se aloja? ¿Cómo no acercarse a admirar la imagen de Nuestra Señora del Valle? Y es que la Iglesia de la Anunciación guarda tres de las mayores joyas de nuestra Semana Santa, una imagen cuya autoría es desconocida, pero atribuida a un gran imaginero como Juan Martínez Montañés, autor de Nuestro Padre Jesús de la Hermandad de Pasión. Y claro, como no va a llorar esa Madre que todos los años ve a su Hijo como es humillado por sayones romanos para más tarde verle arrodillado delante de Verónica, limpiándose la cara del sudor y la sangre que de ella brotaba.
Hablando de la primera de las imágenes de Jesús nombradas antes, nos centramos en el Cristo de la Coronación de Espinas, obra de Agustín de Perea de finales del Siglo XVIII. Una imagen que si la observamos bien podemos ver como nos transmite esa angustia y dolor que vivía Jesús en ese momento, mientras era humillado por sayones romanos mientras lo “coronaban” como Rey de los judíos con la corona de espinas y le colocaban una caña de madera a modo de cetro. Un paso de misterio que cuenta, como detalle con varios espejos pequeños a lo largo de la parte baja de la canastilla, los cuales, a opinión personal, me gusta verlos como una metáfora de como nos vemos reflejados tras contemplar el sacrificio que
hizo por todos nosotros.
Y el último, pero no menos importante de las obras que posee la hermandad se encuentra Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, obra anónima pero atribuida a Pedro Roldán. Una imagen que nos muestra el momento dónde se acercó a Verónica, la cual le ofrecía unas toallas para que se pudiera limpiar la cara del sudor y de la sangre que tenía, y se quedó reflejada su cara en dicha tela. Una imagen que nos muestra la expresividad del dolor de cargar con la cruz.
Una Iglesia que si pudiese hablar nos podría contar miles de historias que han ocurrido dentro de sus cuatro paredes, dado que está ubicada cerca de la Plaza de la campana, son muchas las hermandad que desgraciadamente han tenido que ir allí a refugiarse por culpa de la lluvia. ¿Cuántas historias podría contarnos, cuantas conversaciones entre Marías se habrán vivido dentro la Iglesia mientras se refugiaban allí? La más reciente a destacar fue
hace pocos años, cuando se refugiaron el misterio de la Sentencia de la Hermandad de la Macarena junto con los dos pasos de la Hermandad de Los Gitanos.

Un momento único donde podíamos ver a seis pasos dentro de la misma Iglesia, tres hermandades diferentes reunidas dentro de un mismo techo, a modo de hermanamiento.

Si pudiera hablar, que nos contaría de todas esas breves, pero intensas noches de hermanamiento de hermandades.

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