En el acta del 19 de junio de 1815, el Padre Corrector informó al Cabildo General que era necesario hacerle a la Santísima Virgen un retablo, ya que el que tenía era propio del convento del Carmen calzado y que la Orden Tercera se había traído de este monasterio tras la desamortización de 1802. Tras la reinstauración del absolutismo, la mayoría de religiosos lo pidieron nuevamente.

Por este motivo, se determinó abrir una suscripción entre todos los hermanos y devotos para poder llevar a cabo la realización de un nuevo retablo y se nombró una comisión para dar limosnas. El 26 de julio en Junta de Oficiales, el Hermano Mayor decidió informar sobre la cuestión y la puesta en marcha del proyecto. Tras esto, se celebraron elecciones el día 20 de agosto y durante el Cabildo General se habló del mal estado del Altar de la imagen debido al Rayo que casi lo destruyó.

El retablo neoclásico quedó gravemente dañado por el percance del rayo y según las actas casi lo destruye y después de esto comenzaron las obras de reconstrucción del altar. Además, se llevaron a cabo otras reformas como dotar de luz eléctrica al camarín, así como la pintura y el decorado del mismo. Actualmente, no existe un documento gráfico del altar neoclásico, solo una descripción oral de sus dimensiones. Finalmente, en el año 1911, el Templo del Divino Salvador perdió su designación parroquial, pasando a ser filiar de la Prioral de Santa María.

 

 

 

 

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