LA MEDALLA

Por Antonio Vázquez Bayón.

Mairena del Aljarafe (Sevilla), 25 de Octubre del 2019.

»Por todas aquellas personas, que buscando el sueño de la vida eterna, nos cedieron el amor y la devoción a María Santísima, bajo la advocación del Rosario…»

(…) Así lo hice, y lo sigo haciendo allá por donde voy, llevando a gala y por bandera ese legado cedido a mí por mi padre.

Desde aquella tarde, tras ocurrirse aquel extraño fenómeno, la medalla quedó descansando sobre mi pecho hasta el día de hoy. Nunca me la quito, es algo tan valioso e incalculable el valor de esa situación que me aconteció, que no soy capaz de dejarla ni tan siquiera unos minutos apoyada en mi mesita de noche o en cualquier otro lar… y sólo hago mirarla, sonreír de oreja a oreja y continuar este sendero que, a pesar de que son muchas las veces que nos tropezamos con los obstáculos puesto ante nuestros pies, debemos levantarnos para seguir avanzando hacia adelante, y nunca retornar hacia atrás… cada uno lo logra a su manera, pues yo ya albergo la mía… la misma que es dibujada su silueta sobre el fondo de la medalla.

Confidente, Amiga, Compañera, Hermana… la que siempre está por algún lugar en los interiores de mi casa, o colgada en la cabecera. Pero sobre todo, Ella es para todos los que la queremos con locura… una buena Madre. ¿No la conoce? Pues espérese, buen hombre, que se la quiero presentar.

Fueron tus brazos y manos,

la cuna que mecieron mi sueño,

tu mirada la pomada en mis heridas,

en las noches llenas de desvelos.

Fue tu boca un tierno beso,

colocado sobre mi frente,

y fue mi sin razón por ti,

más poderosa que una corriente.

Conocedora de mis penas,

cuando cabalgan en mi corazón,

las que a veces no me dejan,

yendo conmigo como un mal polizón.

Pues eres arco triunfal de cantares,

plegarias entre las letanías,

dulce amor sin concreto nombre,

con el saludo de un ”Ave María”.

Riachuelo serpenteado,

bajo el puente de historias con pasión,

sombra de olivo maduro y pinares,

o piropo entre la viva emoción.

Rosa venerada en un arriate,

jazmín en flor por eterna primavera,

la que alberga pequeña morada,

en los lares que llevan hasta Mairena.

Fresca agua sobre la fuente,

pilar y esencia de una devoción,

la que susurran los ángeles,

portando cuatro siglos de fervor.

la letra de multitud de sevillanas,

el quasi epicentro de todo,

un amor entre los grandes amores,

de entre tinieblas, Ella es el gozo.

Lo entonan las golondrinas,

en lo alto del centenario campanario,

lo susurra los sacerdotes,

y lo proclaman en los novenarios.

Y yo lo digo desde siempre,

por ello no albergo ningún temor,

pues sigo a Jesús de Nazaret,

y a María, la Madre de Dios.

Pero yo la veo con otro nombre,

el que tintinea como un incensario,

y lo digo a toda mi excelsa tierra,

¡SOY DE LA VIRGEN DEL ROSARIO!

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