LA NOSTALGIA

Por Antonio Vázquez Bayón.

Mairena del Aljarafe (Sevilla), 22 de Octubre del 2019.

Cada jornada entre semana, tras pasar algo más de la hora del Ángelus, retorno a la paz de mi hogar en el Aljarafe sevillano tras haber realizado mis labores estudiantiles.

Tras apearme del metro, me adentro en el corazón y la esencia de mi pueblo, Mairena del Aljarafe. ¡Ay! Aún parecen resonar entre las fachadas de cal de sus casas, los tiempos de antaño, cuando los hombres aún de madrugada, se saludaban para marchar al trabajo de la recolecta de la aceituna con sus macacos, para albergar el preciado fruto de donde emerge el oro líquido.

¡Cuánto guarda históricamente este enclave de la provincia! la ansiaron las extensas legiones comandadas por el César, posteriormente los musulmanes como punto estratega y después la Santa Cruz que nos representa a los cristianos… algo que muchos verán desapercibido en sí ante tan enigmático pasado, guardado con mimo entre sus calles y plazoletas, donde siempre resuena el suave aroma en la risa de la infancia sobre los niños.

De repente, y sin previo aviso, me detengo en seco. Era algo extraño mas a la vez necesario para mi persona. Eché la vista arriba y sonreí, a la par que proseguía mi camino de regreso con paso lento para no perder visión de nada.

En la arteria principal, enormes puertas artificiales se levantaban ante el asombro del espectador, como las que cruzaban los monarcas medievales ante la conquista de alguna urbe más para su imperio. De nuevo, de entre estos singulares arcos, se desplegaba en mayor altura lo que parecía una gran bóveda, atisbando su similitud como las que cierran las techumbres de las catedrales góticas. Como un animal curioso ante el hábitat que le rodea, a pesar de las cuantiosas ocasiones que la he apreciado, quedé en su centro admirando la provisional construcción donde, en su interior, pendía una gran lámpara de araña… y sin más, el inmaculado papel era el perfecto ladrillo para darle forma, una vida que llegaría casi a los treinta días de duración.

Ante esto, dejé mi primitiva ruta trazada para seguir observando aquellas maravillas arquitectónicas, obradas por la mente privilegiada del ser mortal. No me detengo ni un segundo, hasta que mi vista volvió a distraerse ante una morada exornada con dos banderolas, y en su centro una gran lámina donde se resaltaba la presencia de una Mujer muy especial, entre los que habitamos estas tierras pertenecientes al afamado sur de España. Durante varios minutos quedé sentado sobre un banco mirando fijamente aquella estampa, como si ambos estuviéramos ante el vano de una ventana por donde corre la distancia. ¿Acaso importaba? Para nada, menos ante la estela que Ella deja tras de sí.

Pensando y meditando sin pronunciar palabra, mi mirada quedo nubladas de finos cristales cayendo a compás sobre los adoquines de la acera; a veces con algunas connotaciones tristes, otras la emoción quedaba sedente en mi pecho por la satisfacción de lo vivido y lo que aguardo vivir a su lado.

Todo, quedó consumado. Como los últimos rescoldos de una candela antes de apagar su viva llama, la nostalgia bailaba abrazada a la brisa de la soledad que quedó suspendida bajo nuestro firmamento celeste ¿realmente transcurrió? ¿Fue una realidad o tal vez un espejismo en el desierto? ¿Fue real o producto del sueño sobre mi almohada?, Sí, se cumplió la maravilla acaecida siempre en el décimo mes del año.

Atrás quedó la vivencia y el sentimiento reinante en las alforjas de mi sencilla alma. Instante imborrable cuando anualmente en tu Onomástica, bajas de tus habitaciones para recibir el cariño y el saludo de tus paisanos en los impregnados besos depositados sobre tu diestra, bajo el testimonio de tu Retoño, quien tantas veces intentaba sin éxito escabullirse de la calidez de tus brazos, para mezclarse con sus semejantes. Rezo y plegaria ante ti, en el frescor de nueve crepúsculos nocturnos a la aclamación de la oración que San Juan Pablo II, nos dejó para sentirte aún más cerca de nosotros por muy lejos que nos encontremos. Excelso ritual venido desde generaciones inalcanzables, como siempre habrá de transmitirse, en la quinta madrugada del semanario, al levantar los portalones por donde pasarías como hizo el Magno Alejandro a su entrada en Babilonia.

¿Y hablar de la alborada del descanso del Creador? en ese epílogo del septenario de los meses, cuando entre terciopelo y rico bordados en oro avanzas firme sobre el »Sine Labe Concepta», con las connotaciones de las coplillas de Andalucía, cimbreando en el rasgueo de las cuerdas de una guitarra, el tintineo sobre la botella de aguardiente y la voz bronceada de los peregrinos que danzan por este valle de lágrimas… por no mencionar el discurrir noble de los corceles y los telares de vivos colores retratados, entre los volantes de un vestido, en las peinas o los recogidos de pelo ante la ofrenda más pura por ser tu, Pura y Limpia Azucena entre las esbeltas flores.

Bendito porvenir ante tu altar itinerante, donde ataviada por los trazos de Rodríguez Ojeda y coronada por los cinceles de Marmolejo, los herederos de la Jerusalén occidental, rendimos pleitesía a tu Hijo, prometiendo nunca faltar a su Divina Palabra sin apartarnos de la Providencia bendecida con tu cetro regio, ante la Solemnidad de la fiesta con el sacrificio sobre la mesa del altar.

Sabor agridulce a tu salida, en la suave mecida de tu barca entre la espuma perfumada de gladiolos y nardos, con las aguas de un río transformado en centenares de sienes que ansiaban ser el mástil mayor de tu embarcación, para apreciar de cerca las blancas azoteas bañadas por el Astro Mayor. Fueron minutos, sí… minutos hechos eternidad, pues ¿qué importará, si la esencia de esta villa sabe de la sangre que recorre en su cuerpo al paso de tu figura altanera?.

No sabría con qué quedarme. Si en la intimidad al enfrentarnos en la melancolía de nuestras conversaciones, en el trato de tus ropas con delicadeza entre los encajes de los tocados y mantos, o la ardua devoción traída desde hace algo más de cuatro siglos. Cuantos perfiles, cuantos ojos quedaron grabados en ti y marcharon en la última peregrinación, intentando hallar la tímida media luna dibujada en tu cara donde los veteranos sonríen al correr las páginas del almanaque hasta llegar a Octubre.

Ha quedado costancia del propio adjetivo de la luz en el candelero, con el que quedó de nuevo adjetivado tu nombre entre loores de letanías como piropos al viento besando tus mejillas. Lo cantanron las últimas golondrinas antes de partir del viejo campanario. En Mairena sólo se piensa en un nombre de pila… y ese nombre, es Rosario.

1 comentario en «LA NOSTALGIA»

  1. Te felicito Antonio, por tu forma de plasmar tus impresiones y sentimientos de Octubre en Mairena, hablar de Octubre es ROSARIO. Gracias mil por tu Precioso texto,y que la virgen del Rosario y su bendito hijo te protejan en el trayecto de tu vida🌹🌼🌺🌻🌹
    VIVA LA VIRGEN DEL ROSARIO ❤️❤️

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