LA SALIDA

Sevilla. 31-Marzo-2015. Martes Santo Salida de El Cerro Del Aguila , Nuestra Se–ora de los Dolores. Foto: Raul Doblado. Archsev

Por Antonio Vázquez Bayón.

Barrio del Cerro del Águila (Sevilla), 2 de Noviembre del 2019.

De repente, abrió los ojos, y con algo de dificultad se incorporó. No entendía nada de lo que estaba sucediendo, ni el lugar donde se hallaba, puesto que hacía cuestión de minutos estaba sobre una camilla, cerrando su vista y ahora como si después de un largo sueño se tratara se levantó del inmaculado mármol de un suelo perfectamente cuadriculado y medido baldosa a baldosa.

Se miró a sí mismo, pues no comprendía nada: sus ropas, atisbaban lo que parecían ser una camiseta de tirantas, una sudadera de atisbando la cercanía al rojo burdeos, unos pantalones enlutados y como calzado, unas zapatillas de esparto blancas que hacían juego con los calcetines que portaba.

Dió una vuelta sobre sí para contemplarlo todo »Que cosa tan rara…» se decía una y otra vez. Ante su mirada, grandes muros en tonalidades color crema, sin ningún tipo de decoración, y unas techumbres eran soportadas sobre amplias y altaneras columnas, reapartidas entre tres naves. En cierto modo, le resultaba algunos detalles, de índole familiar… como si antes se hubiera presentado allí para algo en concreto.

De repente, quedó inmóvil; algo había captado poderosamente su atención, que le hizo andar hasta el fondo de las estancias, a paso lento por la incertidumbre para ver si realmente todo estaba sucediendo.

Y al final, su asombro fue mayor e inesperado. Allí, bajo varales en plata y cobijada por una rica alcoba itinerante entre bordados de fino hilo dorado, una Mujer lo aguardaba, una mística Dama poco alcanzable para los meros mortales a no ser que la porten en las alforjas de su corazón; se trataba sin duda de un ser muy especial.

Su rostro, intentaba dar los toques propios de la semblanza en la canela, su mirada era de caoba, su boca entreabierta dejaba a la visión del espectador sus láminas de marfil y en su cuello se percibía el intento de una profunda inspiración. Los cristales que se iban deslizando para aliviar su pena sobre sus mejillas, se esfumaron para dar paso a una sonrisa ante la llegada de este nuevo visitante.

El hombre, no pudo mediar ni media palabra siquiera y el silencio quedó como mediadior de ambos. Hasta que finalmente, la Joven rompió el vacío supelcral.

-Mi querido hijo, te estaba esperando. ¿No me reconoces?

-Es que… no puede ser verdad, no doy crédito a la que estoy viendo ¿esto es cierto?.

-Claro que lo es, Ángel. Después de tantos años siendo portador de las mecidas que iban ofreciendo sueño a mis desvelos, ¿cómo no iba a llamarte hasta mi presencia, tras todo el cariño que me guardaste dentro de ti, y se lo mostraste tanto a tu mujer, como a tu hijo?.

Había quedado todo más que claro… El caballero, estaba en presencia de su Madre, Amiga y Confidente. Su Virgen de los Dolores.

Inmediatamente, se dispuso de rodillas e inclinó las sienes en señal de respeto.

La Señora, sobre escalinatas doradas descendió donde descansaba en sus singulares andas regias, para tomarlos con sus manos y levantarlo hasta haber entre ambos la misma distancia y altura.

-¿Qué haces? ¿Por qué te arrodillas ante mí?

-Madre, soy tu humilde siervo, defensor y custodio de la Palabra legada por parte de tu Hijo para que nosotros, los que vagabamos por este valle de lágrima, fuéramos testimonio de la misma. Tú, eres la Soberana de todo lo creado por el Altísimo ¿cómo no voy a mostrar humillación ante la Escalava de Dios?.

-Porque fuiste capaz de hacerlo todo y no por ello debes inclinarte. Has sido una persona ejemplar, luchadora cuando la enfermedad llegó a ti hasta el epílogo de tus jornadas terrenales. Has sido padre, hijo, nieto y esposo con creces, llevando mi nombre allá por donde pisaras tierras ajenas que no fueran las de éste, mi pequeño reino. Has acudido a mí cuando el pecado te ha atormentado, ante una duda o sufrimiento y he intentado ser lo más atenta posible- La Virgen acarició uno de los carrillos de Ángel- hoy, mi buen hijo, estás conmigo, como has estado a la llegada de la Santa Semana rememorando la agonía de mi Primogénito, Desamparado y Abandonado, y la meditación de todo el Dolor ahondado en mi pecho tras los siete puñales clavados en él.

Sin previo aviso, la Ilustre Fémina cortó un trozo de su manto rojo que tomó un tacto robusto para dárselo al varón… una tela que atisbaba a un material que Ángel había utilizado durante muchos años.

-Esto es para ti- dijo la Corredentora- tómalo. Prepárate, querido. Hazte el costal como siempre soñaste desde que eras un niño y ajústalo bien a tu cabeza para que no se te salga. Aprieta bien tu faja para que no alcances dolor sobre la cintura. Las alpargatas bien sujetas… en tu sentir el gozo y la emoción contenida; mi buen costalero, que siempre eternamente el momento de mi salida. LLévame como tú sólo sabías hacer bajo las trabajaderas de mi Morada andante, vibra al unísono como tantos otros de nuestro barrio lo hacen aquí, en las alturas al atracar en ellos la llegada de un Nuevo Martes Santo. Que se tornen nuestros luceros nublados por las lágrimas descendientes como pétalos de rosas que intentan sin éxito besar mi garbosa hechura.

¡Vamos juntos Ángel,

por la tierra y por el mar,

si antes subíamos al Cielo,

por tu familia y el Cerro,

VOLEMOS HACIA LA ETERNIDAD!

(En memoria de Ángel, costalero de la Virgen de los Dolores Coronada, Patrona del Cerro del Águila).

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