Sevilla, a 23 de febrero de 2021

  El pasado mes de enero fue descubierto un interesante conjunto de pinturas y decoraciones murales del siglo XVIII que enriquecía el interior del camarín de la patrona de Cantillana. En el transcurso de una operación para fijar algún elemento que se había desprendido de la pared aparecieron colores y formas muy distintos a los actuales, lo que ha motivado la puesta en marcha de un proyecto de estudio, restauración y puesta en valor de la obra en su integridad.

Se trata de un descubrimiento en toda regla, como reconocen desde la propia corporación, ya que no se conocía la existencia de estos exornos pictóricos por estar ocultos bajo varias capas de pinturas, que habían velado desde final del siglo XIX las decoraciones originales. La elaboración de un proyecto de restauración, casi de urgencia, debido al desprendimiento de unas piezas de madera que forman las portadas laterales del camarín, ha permitido realizar unas catas de limpieza y sacar a la luz un prometedor conjunto patrimonial. Son decoraciones al temple sobre estuco imitando diferentes mármoles con recuadros y enmarcaciones geométricas, sobre ellas se superponen tallos, cintas, tornapuntas y flores en oro y colores, mezclando de forma genial el primer estilo pompeyano con la sensibilidad delicada y conventual sevillana.

La obra está fechada en 1793 y cuenta al respecto con amplio respaldo documental gracias a que se conserva el contrato original del retablo mayor (en el que se encuadra en citado camarín), firmado por la cofradía de la Soledad con los entalladores José Mayorga y Manuel Cahetano da Cruz. Fue concluido en 1795 con los trabajos de dorado y policromía, pero no hay mención explícita a la decoración mural del camarín, cuya existencia se ignoraba por estar escondida bajo burdos repintes, que desfiguran la concepción estética original del valioso camarín.

El valor del conjunto es muy importante, puesto que supone uno de los mejores ejemplos de homogeneidad estilística, que, bajo el prisma estético del neoclasicismo, se lleva a cabo por los devotos cantillaneros durante el último tercio del siglo XVIII. Se levanta un templo diáfano; con pilastras, bóvedas, yeserías, retablos, portadas, todo en genuino lenguaje clasicista. Ya se conocía la consideración del camarín de la Soledad de Cantillana como “última obra” de esta tipología en la Andalucía barroca; sí barroca, porque aunque está revestida de lenguaje neoclásico el concepto de camarín tiene un origen netamente barroco. Fueron ejecutados para importantes imágenes de gran devoción popular, para mostrarlas dentro de una sala regia y suntuosa rodeada de luz y esplendor, con una iluminación teatralizada a modo de ventanas escondidas, lucernarios o traseras como en este caso. Se presentaba un icono divino, y bien sabía el mundo barroco penetrar los sentidos y englobar los elementos hasta hacer un todo persuasivo y sobrecogedor.

El reciente descubrimiento de las pinturas murales viene a reafirmar ese valor de conjunto artístico ejecutado en Cantillana entre el último barroco y el neoclasicismo sevillano, una etapa tan compleja como interesante que no ha sido todavía suficientemente revalorizada. La presencia de todo un conjunto de imágenes de Juan Bautista Patrone inciden en ese mismo aspecto, que junto con las tan necesarias restauraciones pueden terminar de vislumbrar la importancia histórico-artística de una devoción cuatro veces centenaria.

 

Fuente. Hermandad de Ntra Sra de la Soledad de Cantillana

Por JAVIER SERRATO

Director gerente del grupo empresarial Brand Leader Comunicacion SLU.

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