EL DIARIO COFRADE

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José Antonio Rodríguez Benítez, el pregonero de la Semana Santa de Sevilla 2026 que defiende que “el pregón debe basarse en la fe”

A 22 de marzo de 2026

l 22 de marzo de 2026, cuando el Teatro de la Maestranza abra sus puertas al mediodía, Sevilla escuchará la voz de José Antonio Rodríguez Benítez, un periodista sevillano cuya vida, marcada por la fe, la palabra y la memoria cofrade, lo ha conducido hasta el atril más exigente de la ciudad. No es casual que él mismo haya repetido en estos días que “el pregón no es un texto bonito que compones, sino que debe basarse en la fe”, una declaración que resume su manera de entender la Semana Santa y el sentido profundo de su encargo.

Nacido en 1983, bautizado en San Julián y formado en el Colegio Marcelo Spínola de Umbrete, Rodríguez Benítez creció entre dos mundos que terminaron fundiéndose en uno: el de la literatura —que descubrió embaucado por Platero y yo— y el de la devoción popular que respiró en su pueblo de Gines. De niño soñó con ser torero, como su padre, pero la palabra terminó atrapándolo. Estudió Periodismo y desde muy joven se convirtió en una de las voces más reconocibles del ámbito cofrade: primero en Sevilla TV, luego en Tele Sevilla, y hoy como colaborador de ABC y miembro del equipo de El Llamador de Canal Sur Radio. Actualmente forma parte del Gabinete de Comunicación del presidente de la Junta de Andalucía, aunque su verdadera raíz profesional sigue siendo la comunicación religiosa y popular.

Su biografía cofrade es tan intensa como su trayectoria periodística. Es hermano de la Esperanza de Triana, donde forma parte de la cuadrilla de costaleros del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, además del Dulce Nombre, la Estrella y la Pastora de Triana. Pero su vínculo con la fe no se limita a las hermandades: está tejido de vivencias íntimas, como la que recuerda del Sagrario de San Onofre, donde encontró consuelo y serenidad cuando hace nueve años luchaba contra un cáncer. Allí, en la adoración perpetua, descubrió un refugio que marcó su espiritualidad adulta. Por eso no sorprende que considere que la fe es la única base posible de un pregón, del mismo modo que distingue entre la belleza artística y la unción devocional: “Puedes hacer un texto poético, pero si no nace de la fe, es un pregón vacío”.

Su pregón, asegura, está lleno de su infancia: los juegos de cruz de mayo, el tambor que marcó su primer ritmo cofrade, la Virgen de los Dolores de Gines, las carretas del Rocío que cada año despertaban al pueblo. También está lleno de su familia, que lo ha acompañado en cada paso de este camino y que vive su designación con la misma intensidad que él. Y está impregnado de la Misión de la Esperanza, que comenzó apenas dos horas después de que se anunciara su nombramiento. Aquellas imágenes de la Virgen en la calle, en territorios donde se sufre y se espera, han marcado profundamente su texto: “La misión nos ha traído sentimientos muy fuertes; el pregón está contagiado de todo eso”.

Rodríguez Benítez no es nuevo en los atriles. Pronunció el pregón de su colegio, el de los Grupos Jóvenes de Triana, el de la Esperanza de Triana, el de la Velá de Santa Ana, el de la Virgen de la Paz de Ronda y, especialmente, el Pregón de las Glorias de Sevilla de 2007, que muchos recuerdan por su madurez literaria pese a su juventud. Sin embargo, nada se compara al peso del pregón de la Semana Santa. Él mismo reconoce que ha comprendido su verdadera dimensión al prepararlo: “Hasta el más experto tiembla ante el atril del Maestranza”. Y no lo dice desde la vanidad, sino desde la conciencia de que este pregón queda para siempre, como un testimonio público de fe y de ciudad.

En estos días previos, su oración ha sido sencilla y sincera: pide a Dios la voz que a veces le falta por el cansancio y el esfuerzo, porque su pregón —escrito en capítulos intensos, uno tras otro— exige una entrega total. También ha compartido momentos que lo han marcado en esta etapa, como cuando sostuvo a la Macarena entre sus brazos para llevarla al lugar donde sería vestida para el besamanos: “Sientes el calor de la Virgen en tu pecho; es una sensación indescriptible”. O cuando vio a sus padres, emocionados hasta las lágrimas, sostener a la Esperanza de Triana. Son vivencias que no solo lo han acompañado, sino que han dado forma al alma de su pregón.

El arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz, ha destacado en varias ocasiones la importancia evangelizadora de la piedad popular, y el propio pregonero reconoce que su juventud y su perfil comunicador pueden conectar con generaciones que a veces se sienten lejos del pregón. Esa es también su intención: que el pregón sea popular, cercano, profundamente humano, sin perder la hondura teológica y devocional que exige el anuncio de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.