EL DIARIO COFRADE

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Cien años de devoción en El Cerro a la Virgen de los Dolores

Sevilla, a 19 de junio de 2026

La noche  de ayer la  hermandad   del Cerro del Águila  tuvo lugar  la presentación del cartel conmemorativo del Centenario de la devoción a Nuestra Señora de los Dolores, una obra de gran formato firmada por el artista onubense Chema Riquelme, que ha sabido transformar un siglo de historia en una imagen cargada de simbolismo, emoción y profundidad devocional.

Concebido en técnica mixta —acrílico, óleo, pasteles, ceras grasas, espray, aerografía y collage—, el cartel se levanta como una composición donde pasado, presente y memoria confluyen en un mismo plano. En el centro absoluto se impone el rostro de la Virgen de los Dolores, eje visual y espiritual de la obra, cuya expresión serena y dolorida trasciende la representación artística para convertirse en el espejo de un barrio entero. Las lágrimas que recorren sus mejillas evocan cien años de fe compartida, de promesas susurradas y de generaciones que han encontrado consuelo bajo su mirada.

Sobre Ella se alzan las dos devociones cristíferas de la hermandad: Nuestro Padre Jesús de la Humildad, recogido y contemplativo, y el Santísimo Cristo del Desamparo y Abandono, cuya presencia equilibra la composición y completa el discurso teológico. Ambos parecen custodiar la memoria centenaria de la feligresía, acompañando desde la eternidad la mirada dolorosa de la Virgen y reforzando la identidad espiritual del Cerro del Águila.

Entre estas imágenes emerge con fuerza la ornamentación del manto de la Virgen, uno de los elementos patrimoniales más reconocibles de la corporación. Su diseño, reproducido con marcada presencia, actúa como lenguaje visual propio, uniendo las representaciones cristológicas y elevando el manto a la categoría de emblema identitario de la hermandad.

En la parte inferior, las fechas 1926 y 2026 funcionan como columnas que sostienen el relato del tiempo. Entre ambas se despliega el nombre DOLORES, síntesis perfecta de la devoción que define a la corporación. Dentro de esa palabra aparece la imagen de la Virgen de la Cinta, patrona de Huelva, en un gesto que rinde homenaje a los orígenes del barrio y a aquellos onubenses que, al llegar a Sevilla en busca de nuevas oportunidades, trajeron consigo la devoción que acabaría arraigando en el Cerro del Águila. Su presencia recuerda también a los devotos procedentes de toda Andalucía que contribuyeron a forjar la hermandad que hoy celebra su centenario.

La obra incorpora además pequeños guiños narrativos que enriquecen su lectura. A la izquierda, junto al año fundacional, se dibujan a lápiz esas personas mayores que sacan sus sillas a la puerta para esperar el paso de la Virgen, un gesto cotidiano que resume la religiosidad popular del barrio. A la derecha, junto al año del centenario, aparece la primera capilla de la corporación, evocando los humildes comienzos de una devoción que con el tiempo se convertiría en una de las señas de identidad más reconocibles de Sevilla.

El collage, integrado especialmente en el tocado de la Virgen mediante textos manuscritos y elementos gráficos, aporta una dimensión documental a la obra. Cada fragmento funciona como metáfora visual de los recuerdos, incorporando literalmente el pasado al rostro de la historia. La verticalidad de la composición guía la mirada desde los símbolos terrenales hasta la dimensión espiritual de los Sagrados Titulares, mientras una paleta dominada por tonos oscuros, rojizos y terrosos intensifica el dramatismo y realza la luminosidad del rostro de la Virgen, auténtico faro emocional del cartel.

Más que un cartel conmemorativo, la obra de Chema Riquelme es una evocación sentimental de un siglo de fe, un homenaje a quienes fundaron la hermandad, a quienes la sostuvieron con su esfuerzo y a quienes continúan escribiendo su historia. Cien años después de aquel 1926, el Cerro del Águila mira a su pasado con gratitud y a su futuro con esperanza. Y en el centro de todo permanece Ella, Nuestra Señora de los Dolores, corazón del barrio y testigo eterno de una devoción que llega más viva que nunca a este año único de 2026.