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«Entre dos mundos»: el cartel de Daniel Páez que reivindica la dimensión histórica y americana de la Virgen de Guadalupe en el Año Jubilar 2026

Sevilla, a 12 de agosto de 2026

La Hermandad de Nuestra Señora de Guadalupe de Sevilla  ha elegido para anunciar su próxima salida procesional una obra que, más que cartel, aspira a convertirse en declaración de identidad. Bajo el título «Entre dos mundos», el pintor Daniel Páez propone una lectura contemporánea de una advocación que, desde hace siglos, se mueve entre la historia, la espiritualidad y el mestizaje cultural. En pleno Año Jubilar Franciscano y Guadalupense 2026, la pieza adquiere una resonancia especial, invitando a mirar a Guadalupe no solo como icono devocional, sino como símbolo de un diálogo que cruzó océanos y transformó continentes.

La obra parte de un episodio que marcó la relación entre la advocación extremeña y el imaginario americano: el viaje que la réplica sevillana de la Virgen realizó en 1992 al Monasterio de La Rábida, epicentro franciscano vinculado a los preparativos del primer viaje colombino. Aquel desplazamiento, organizado con motivo de la exposición «Los Franciscanos y el Nuevo Mundo», coincidió con el V Centenario del Descubrimiento de América y subrayó la dimensión histórica de Guadalupe como referencia espiritual en los albores de la expansión atlántica.

Páez retoma ese hilo para construir una obra que no se limita a la evocación estética. Su planteamiento se adentra en la tradición que sitúa a Guadalupe como devoción predilecta de Cristóbal Colón, quien habría acudido a la Virgen en busca de protección antes y durante sus travesías. En la iconografía popular, Guadalupe aparece como brújula simbólica del navegante, testigo de sus encuentros con los Reyes Católicos y presencia constante en las oraciones de la tripulación frente a los peligros del océano. Esta lectura, más espiritual que documental, ha sido fundamental para consolidar la imagen de la Virgen como guía en el tránsito hacia lo desconocido.

Pero la obra de Páez no se detiene en el relato europeo. El artista incorpora la dimensión americana de la advocación, recordando que Guadalupe cruzó el Atlántico y se transformó al contacto con las culturas indígenas. En México, por ejemplo, la aparición de la Virgen en el cerro del Tepeyac en 1531 dio lugar a una nueva iconografía que fusionaba elementos cristianos y símbolos prehispánicos, convirtiéndose en emblema de identidad mestiza. Aunque la Guadalupe extremeña y la mexicana poseen historias distintas, ambas comparten la condición de puente cultural y espiritual entre mundos que aprendieron a reconocerse mutuamente.

«Entre dos mundos» se sitúa precisamente en ese espacio de encuentro. La obra no pretende reconstruir un episodio histórico, sino sugerir la continuidad de una devoción que ha sabido adaptarse, viajar y dialogar con realidades diversas. Páez utiliza la pintura como territorio simbólico donde convergen la tradición franciscana, la memoria del descubrimiento y la expansión de la fe en el Nuevo Mundo. El resultado es una pieza que invita a contemplar a Guadalupe como figura de unión, capaz de trascender fronteras y convertirse en referencia de la Hispanidad.

En un año marcado por celebraciones jubilares, el cartel se presenta como una oportunidad para reivindicar el papel de la advocación en la historia cultural de España y América. La próxima salida procesional de Nuestra Señora de Guadalupe no será solo un acto de fe: será también un recordatorio de que, desde hace siglos, la Virgen acompaña el diálogo entre dos continentes que siguen encontrando en ella un símbolo compartido.