Córdoba, a 26 de marzo de 2026
Una de las imágenes de Pasión más llamativas de Rute ha vuelto a su sede canónica tras un largo y minucioso proceso de restauración. La figura Nuestro Padre Jesús del Mayor Dolor no sale en Semana Santa en procesión, pero a nadie pasa inadvertida cuando visita el santuario de la Patrona. En enero de 2025 la Real Archicofradía de Nuestra Señora del Carmen, titular de la imagen, aprobaba en asamblea dicha restauración, gracias a una partida específica de la Diputación para tal fin. Al cabo de casi un año de trabajo el Cristo ha sido repuesto al culto y presentado al público. La presidenta de la archicofradía, Ana Burguillos, condujo el acto en que se explicó esta intervención “necesaria” y la posible autoría de esta talla del siglo XIX.
La restauración ha corrido a cargo de Manuel Espejo y Miguel Ángel Sánchez. El primero ofreció un pormenorizado análisis del estado previo de la obra, tal como la encontraron. Según explicó, la escultura presentaba una superficie “empañada” por el paso del tiempo. La oxidación de resinas naturales y el humo graso de la cera habían generado una costra oscura que ocultaba la policromía original. Sin embargo, Espejo puso el foco en un peligro mayor: la inestabilidad estructural. Los ensambles de la madera se hallaban tan debilitados que la mascarilla del rostro llegó a separarse del resto de la cabeza en el taller con una leve presión manual.
A esta fragilidad se sumaban antiguas intervenciones que habían desvirtuado la expresión de la cara. El restaurador detalló cómo unos ojos de cristal mal ajustados con cera oscurecida conferían a la mirada un efecto de “espanto”. Al mismo tiempo, el sudario y la espalda habían sido cubiertos con repintes al óleo y purpurinas que, con la oxidación, derivaron en tonos verdosos ajenos a la estética neoclásica. Espejo justificó la eliminación de estos añadidos bajo criterios científicos, argumentando que tales alteraciones “no aportaban nada” al valor de la pieza.

Por su parte, Miguel Ángel Sánchez profundizó en la metodología aplicada para la recuperación de la imagen. El equipo empleó una limpieza combinada, tanto química como mecánica. Ello permitió que afloraran detalles ocultos durante décadas, como los delicados hematomas de los latigazos y el “peloteado” o dibujo del cabello. Para garantizar la pervivencia de la talla, se han insertado espigas de madera en las grietas y se han sustituido las antiguas colas animales, ya cristalizadas, por adhesivos estables.
Sánchez destacó asimismo el uso de materiales reversibles como la acuarela, que aseguran la “discernibilidad” de la intervención. De esta forma, cualquier técnico en un futuro podrá distinguir lo original de lo restaurado. Además, se ha dotado al Cristo de pestañas de pelo natural para “dulcificar los rasgos” y se ha consolidado el ojo fracturado original, evitando así su sustitución.
La segunda parte del acto corrió a cargo del doctor en Historia del Arte Francisco Jesús Flores, quien ofreció una conferencia fundamental para la catalogación de la obra. El investigador argumentó la atribución de la autoría al escultor malagueño Salvador Gutiérrez de León (1777-1841). Flores basó su tesis en los “grafismos” o rasgos que el artista repetía “casi de serie” durante su etapa de juventud. Entre ellos, mencionó el relieve de las venas en forma de almendra y un tratamiento anatómico de la espalda “muy musculoso, incluso algo bruto”. Según el historiador, esta crudeza visual es heredera de la escuela de los Asensio de la Cerda y del gusto de la Málaga de la época por las imágenes de gran impacto devocional.
Flores también analizó la importancia de las estampas y los grabados como vehículos de difusión artística. Para el doctor, estos grabados funcionaron como “una fuente, tanto de inspiración artística como también devocional”. En ese contexto, aunque este modelo de Cristo recogiendo sus vestiduras tiene raíces granadinas, fue la popularidad de ejemplares como el de Andrés de Carvajal en Antequera la que motivó su réplica en diversas localidades como Rute o Priego, entre las más cercanas.
En el tramo final Ana Burguillos entregó un diploma de recuerdo y un escapulario de la Virgen del Carmen a los tres ponentes. El cierre institucional corrió a cargo de Marta Siles, vicepresidenta segunda de la Diputación de Córdoba, y el alcalde de Rute, David Ruiz. Siles remarcó el compromiso de la institución con la conservación del arte sacro, señalando que estas piezas representan “un legado” para las generaciones venideras. Por último, el alcalde calificó la jornada como un “día histórico” para el municipio. Ruiz agradeció la determinación de la archicofradía y advirtió de que, sin estas políticas de apoyo, el rico patrimonio de los pueblos “se va perdiendo”.
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