Sevilla, a 25 de enero de 2023

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A las puertas del 450 aniversario de la hechura del Santísimo Cristo de Burgos, la priostía de  esta   hermandad  sevillana ha querido hacer una mirada al pasado reproduciendo el paso procesional de su Titular con los faroles que José Merino labró para la canastilla del Santísimo Cristo de Burgos, que se puede contemplar a partir de hoy  24 de enero en el altar mayor de la parroquia de San Pedro de Sevilla

 

Aprovechamos para explicar con un articulo de D. José Manuel Vázquez Lazo, historiador, de la Hermandad de Penitencia de Zalamea la Real (Huelva) y el Hermano de la Hermandad del Cristo de Burgos,  Manuel María Ventura, publicado en su día en el boletín  de esta corporación «El Gallo y la Columna», donde se ilustra todo lo que acontece a estos elementos ornamentales que concibió José Merino. Veamos.

D. José Manuel Vázquez Lazo, historiador, de la Hermandad de Penitencia de Zalamea la Real (Huelva) y NHD. Manuel María Ventura, Entre los años 1939 y 1944 la iluminación del paso del Santísimo Cristo de Burgos consistía en cuatro grandes faroles de original diseño, realizados en madera oscura con aplicaciones de metal plateado (según las informaciones que hemos encontrado, aunque como veremos después, se trate de aplicaciones de madera tallada y dorada).

Estos faroles figuraban en la primera concepción de la canastilla estrenada en 1939; por tanto son obra de José Merino Román, la cual era más estrecha y sin el moldurón que, posteriormente tallase Antonio Martín Fernández en 1958.

Los faroles son del llamado “estilo renacentista”, constando de una base circular con molduras cóncavas y convexas elegantemente dispuestas. Sobre cuatro columnas abalaustradas se sostiene una moldura mixtilínea, rematada con una crestería coronada, a su vez, por dos sierpes que sostienen una antorcha entre sus cabezas.

Estos motivos mitológicos eran muy  queridos por José Merino; no en vano es uno de los artistas más reputados de
Sevilla en la construcción de atauriques, bargueños y muebles suntuosos que aún adornan las consultas de profesionales liberales de nuestra Ciudad. En 1944 la Hermandad adoptó el uso de cuatro grandes hachones en lugar de los fanales, posiblemente por influencia de la severa iconografía del Cristo del Calvario. Igualmente José Merino finalizó los respiraderos tallados de la canastilla.

Desde 1909 el Crucificado del Calvario procesionaba en un paso obra del tallista conocido como Maese Farfán (Francisco de Paula Farfán Ramos), utilizando cuatro hachones en lugar de los habituales candelabros de  guardabrisas o faroles de gran formato (a veces iluminados con luz eléctrica), con la ambición estética de otorgar a la Imagen de Jesucristo muerto mayor severidad y patetismo.

La Hermandad de la parroquia de San Pedro no fue ajena al poderoso influjo que ese nuevo recurso otorgaba y, así, adoptó los cuatro hachones. La ampliación de la portada parroquial que preside la estatua del Príncipe de los Apóstoles en 1945 favoreció nuevos cambios en la canastilla; a saber: la ampliación del canasto en 1958 con
un nuevo moldurón y pequeñas cartelas  en 1958 y los faroles de plata de Armenta.

La Hermandad los entregó o cedió a la Hermandad de la Hiniesta para el paso del Cristo de la Buena Muerte, el cual tampoco resultó ajeno a la iconografía antes reseñada del Crucificado de la Madrugá y los sustituyó un lustro más tarde por los hachones de cera virgen color tiniebla. En el caso de la Hiniesta estos faroles sustituyeron a otros anteriores metálicos pero de menor formato.

 

Poco después, los faroles de Merino Román fueron adquiridos por la Hermandad de Penitencia de Zalamea la Real, con toda seguridad, a inicios de la década de los 50. La hermandad zalameña se había reorganizado a mediados de los años 40; y tras la pérdida de la práctica totalidad de sus imágenes procesionales y sus enseres en 1936, los hermanos fueron adquiriendo poco a poco, su nuevo patrimonio.

Una de las primeras imágenes sería la del Cristo de la Sangre, imagen de Cristo Crucifi cado, obra del autor sevillano Antonio Bidón Villar, que procesionaría en la madrugá zalameña (e incluso a la espera de la llegada de las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno-obra del zalameño Manuel Domínguez Rodríguez- y del Cristo Yacente -de Rafael Barbero- se le rindió culto el Jueves y el Viernes Santo como rinde la tradición en Zalamea la Real). Fue así cómo los faroles de Merino Román, tras iluminar las imágenes hispalenses del Cristo de Burgos y del Cristo de la Buena Muerte de la hermandad de la Hiniesta, volvieron a iluminar una imagen de Cristo en la Cruz:

El Cristo de la Sangre de Zalamea la Real, cuya tradicional procesión en la madrugada del Viernes Santo se viene desarrollando desde la fundación de la Hermandad de la Vera Cruz zalameaña en 1580. A pesar de la escasa disposición documental del archivo de la hermandad zalameña, confirmamos a través de fotografías, de algunas entrevistas y, sobre todo, de la efímera vida de los faroles en el paso del Cristo de la Buena Muerte de la hermandad de la Hiniesta (que ya a inicios de la década de los 50 sustituye los grandes faroles de Merino Román), la cesión de los fanales a la hermandad onubense por parte de su última propietaria.

En este sentido, y a diferencia de lo estimado por las Hermandades del Cristo de Burgos y de la Hiniesta, que decidieron sustituir la iluminación de sus titulares sustituyendo los grandes fanales por hachones, ante la infl uencia de la Hermandad del Calvario, en Zalamea se dio el paso contrario: los pequeños hachones que iluminaron
el paso es sus primeras estaciones de penitencia se sustituirían por los imponentes fanales de Merino Román, dando esplendor al paso, y cargando de luz la oscuridad de las calles de la localidad en la madrugada.

Indicamos que la disposición de los faroles en el paso procesional del Cristo de la Sangre de Zalamea la Real ha variado en alguna ocasión, puesto que aunque generalmente se disponen tal como se usó por la Hermandad del Cristo de Burgos (totalmente alineado con las formas del paso), en alguna ocasión, y en función del prioste de turno, se colocaron girados 45° , con las aristas de frente (como hacía la Hermandad de la Hiniesta, alineando éstos con los chafl anes de la canastilla del paso del Cristo de la Buena Muerte).

La imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, del autor zalameño Manuel Domínguez Rodríguez, y a la espera de
la terminación de los faroles que actualmente le acompañan en sus estación de penitencia (obra del mismo autor), también fue acompañado en alguna ocasión por los fanales de Merino Román.

En el año 2004 los faroles de Merino Román volvieron a iluminar a su inicial titular, el Cristo de Burgos, en su altar de Quinario dispuesto en la Iglesia de San Pedro. La Hermandad de Penitencia de Zalamea la Real los cedió gustosamente a la Hermandad del Cristo de Burgos para este cometido, recomponiendo de este modo el
paso que saliera a fi nales de los años 30. En el año 2010 los faroles sufrieron su última restauración por parte de los artesanos locales Manuel Millán y Bernabé Romero.

No obstante el modelo creado por José Merino no cayó en el olvido sino que su impronta queda manifi esta en los faroles de plata, ubicados por delante de los candelabros de cola, en el paso de palio de María Santísima de la Angustia, de la Hermandad de los Estudiantes. Estos faroles procedían del diseño original de Emilio García Armenta para el palio pero, por al fallecer este maestro orfebre, el encargo fue realizado por los Talleres de Viuda de Villarreal en 1974.

Igualmente podemos encontrar reminiscencias de los mismos en los faroles de escolta de la Cruz de Guía de la citada corporación de la Hiniesta. En esta ocasión los fanales alternan, jugando con la alternancia de los materiales de la canastilla que diseño Cayetano González y talló Antonio Martín, estrenada en 1972, madera de caoba y plata: estos faroles fueron diseñados por Antonio Dubé de Luque.

Artículo. Hdad Cristo de Burgos

 

Por JAVIER SERRATO

Director gerente del grupo empresarial Brand Leader Comunicacion SLU.

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