Córdoba, a 11 de febrero de 2026
Al inicio de la Cuaresma el Vía Crucis de Nuestro Padre Jesús Humilde en la Coronación de Espinas, es uno de los actos más íntimos y característicos de la Hermandad de la Merced, con sede en la Iglesia de San Antonio de Padua. Fiel a lo que dictan sus Reglas y a una tradición que se ha mantenido viva durante décadas, la corporación celebrará este ejercicio piadoso el próximo Miércoles de Ceniza, 18 de febrero, una vez concluida la Eucaristía y la imposición de la ceniza a los fieles. El rezo, como es habitual, se desarrollará íntegramente en el interior del templo, un espacio que se transforma cada año en un escenario de silencio, recogimiento y profunda espiritualidad.
La imagen de Jesús Humilde en la Coronación de Espinas, una de las devociones más queridas de la hermandad, preside este acto que marca el arranque del camino cuaresmal para muchos cordobeses. La talla, de gran fuerza expresiva, representa al Señor sentado, coronado de espinas y sosteniendo la caña, en una escena que invita a la contemplación del sufrimiento sereno y la entrega silenciosa. Su presencia en el presbiterio, rodeada de cirios y del aroma del incienso, crea un ambiente propicio para la oración pausada que caracteriza este Vía Crucis.
La Hermandad de la Merced, una de las corporaciones más activas del panorama cofrade cordobés, ha convertido este acto en un referente espiritual dentro de su calendario anual. No se trata de un Vía Crucis externo ni procesional, sino de un ejercicio interior que subraya la dimensión meditativa de la Cuaresma. Cada estación es acompañada por lecturas, reflexiones y momentos de silencio que permiten a los asistentes adentrarse en el misterio de la Pasión desde una perspectiva profundamente personal.
En los últimos años, la hermandad ha reforzado su vida cultual y formativa, consolidándose como un punto de referencia en la feligresía de la zona de la Agrupación Córdoba. Su actividad se extiende más allá de la Semana Santa, con iniciativas caritativas, encuentros de formación y cultos solemnes que ponen de manifiesto su compromiso con la comunidad. El Vía Crucis del Miércoles de Ceniza se ha convertido así en el pórtico espiritual de todo un ciclo de actos que culminará con la estación de penitencia del Domingo de Ramos, cuando la hermandad recorra las calles de Córdoba con su imponente paso de misterio y el palio de María Santísima de la Merced.
La celebración del Vía Crucis en San Antonio de Padua adquiere un significado especial en un tiempo en el que la hermandad continúa fortaleciendo su identidad y su presencia en la ciudad. El templo, de ambiente cálido y cercano, ofrece el marco perfecto para un acto que no busca la espectacularidad, sino la introspección. Para muchos devotos, este momento supone el verdadero comienzo de la Cuaresma: un espacio para detenerse, respirar y mirar al Señor Humilde, que invita a vivir este tiempo litúrgico desde la serenidad y la esperanza.
Con la llegada del 18 de febrero, la Hermandad de la Merced volverá a reunir a hermanos y fieles en torno a uno de sus cultos más emblemáticos. El Vía Crucis de Jesús Humilde no es solo una tradición arraigada, sino también una llamada a la reflexión y a la renovación interior, un recordatorio de que la Cuaresma comienza siempre desde el corazón.
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