Córdoba, a 6 de septiembre de 2026
La iglesia de San Lorenzo ha vuelto a transformarse en un escenario donde la devoción cordobesa adquiere una intensidad particular. Con motivo de los cultos dedicados a Nuestra Señora de Villaviciosa, el templo presenta una escenografía que combina tradición y sensibilidad contemporánea, articulada en torno a un montaje efímero que busca resaltar la presencia de la Virgen en el corazón del presbiterio.
La imagen ha sido situada en el altar mayor, ocupando un espacio que se eleva mediante una estructura ceremonial de gradas doradas y policromadas. Este aparato cultual, heredero de una estética barroca que Córdoba conserva con especial celo, asciende hasta un templete que actúa como remate visual y simbólico. En este marco, la Virgen se convierte en el eje de una composición que pretende envolverla en solemnidad sin renunciar a la cercanía devocional.
Uno de los elementos que más llama la atención en esta presentación es el nuevo manto cónico, confeccionado a partir de antiguos bordados en plata recuperados y adaptados sobre seda carmesí. La pieza, fruto de la donación de sus devotos, introduce una lectura histórica que remite a estampas antiguas, devolviendo a la advocación una estética que parecía reservada al recuerdo. La recuperación de estos bordados no solo aporta valor artístico, sino que actúa como puente entre generaciones de fieles.
La Virgen, venerada también como Enfermera Celestial, aparece acompañada por los arcángeles Rafael y Gabriel, que flanquean la imagen en una disposición que refuerza su carácter protector. La iluminación, articulada mediante numerosas calles de cera, envuelve el conjunto en un resplandor cálido que funciona como una ofrenda silenciosa, un gesto de amor expresado a través de la luz.
En el centro del montaje se incorpora la reliquia del Beato Cristóbal de Santa Catalina, titular de la Hermandad. Su presencia añade profundidad espiritual al conjunto y recuerda la dimensión histórica y caritativa que rodea a esta advocación cordobesa. La reliquia, situada en el eje visual del altar, establece un diálogo directo entre la memoria del Beato y la devoción a la Virgen.

Mientras tanto, la imagen vicaria de Nuestra Señora de Villaviciosa ya se encuentra preparada para la procesión. En su paso aparece acompañada por el vaquero Hermando y la guardia portuguesa, elementos que forman parte de la iconografía particular de esta advocación y que aportan un matiz singular a la estampa procesional. En esta configuración, la Virgen luce su manto de seda rosa bordado en plata, una pieza que contrasta con el manto cónico del altar y subraya la diferencia entre la presentación cultual y la procesional.
El exorno floral, planteado con una paleta de tonos cálidos, combina claveles, gerberas, fresias, lisianthus, gypsophila y eucalipto. La mezcla de rojos, vainillas y blancos crea un ambiente envolvente que complementa la cera y la orfebrería textil, reforzando la armonía del conjunto sin restar protagonismo a la imagen.
Así, San Lorenzo ofrece estos días una escenografía donde memoria, tradición y devoción convergen alrededor de Nuestra Señora de Villaviciosa. El nuevo manto confeccionado con bordados antiguos actúa como hilo conductor entre pasado y presente, mientras la disposición del altar mayor y la preparación del paso procesional revelan la riqueza simbólica que caracteriza a esta advocación cordobesa.
Más historias
La Virgen de los Dolores del Cerro del Águila protagoniza una jornada que une generaciones en un recorrido íntimo y devocional
La Hermandad del Gran Poder de Dos Hermanas convoca cabildo extraordinario para abordar el cambios en el hábito y el paso
Fiestas de la Virgen de los Milagros 2026. El Puerto de Santa María vive su semana grande en septiembre