Granada, a 4 de julio de 2026
El Señor de la Humildad ha regresado a la exposición Kerygma. El arte de Evangelizar, instalada en la Catedral de Granada, después de concluir los actos extraordinarios celebrados por la hermandad con motivo de su centenario fundacional. Su vuelta marca el cierre simbólico de un año histórico que ha transformado la vida devocional del Realejo y ha situado a la corporación en el centro de la atención cofrade de la ciudad.
Durante las semanas de cultos extraordinarios, la imagen fue contemplada por miles de fieles que quisieron acompañarla en un contexto único, marcado por celebraciones solemnes, momentos de intensa emoción y una reafirmación pública del legado espiritual de la hermandad. El Señor se convirtió en referencia y punto de encuentro, un símbolo que unió a generaciones en torno a la memoria de cien años de historia.
Con su regreso a Kerygma, la talla recupera la serenidad del ámbito museográfico, donde su gesto de paciencia y mansedumbre adquiere una lectura más universal. En este espacio, la imagen se integra en un discurso catequético que trasciende lo procesional y se adentra en la contemplación pausada, permitiendo que visitantes y devotos descubran la profundidad de su iconografía y la fuerza expresiva que siempre lo ha caracterizado.
La Catedral de Granada vuelve a ser refugio y escenario. Allí, el Señor de la Humildad se presenta en silencio, bajo la luz vertical del templo, invitando a una mirada más íntima y reflexiva. Su presencia en la exposición permite reencontrarse con él sin prisa, lejos del bullicio de la calle, en un entorno donde cada detalle de la talla se convierte en mensaje.
La hermandad ha confirmado que la imagen permanecerá en la muestra hasta finales de noviembre, abriendo un periodo prolongado para que granadinos y visitantes puedan acercarse a contemplarlo en este contexto distinto, profundamente simbólico y cargado de significado.
Con este regreso, la corporación cierra oficialmente un año irrepetible, marcado por la emoción, la historia y la reafirmación de su identidad. El Señor de la Humildad, de nuevo en su lugar, parece recordarlo con la misma serenidad que define su iconografía: la humildad no es un gesto, sino un camino.
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