La colocación de la última piedra culmina uno de los elementos que permanecían inacabados desde 1782 y recupera el diseño planteado en el siglo XVIII para la fachada principal del templo
La Catedral de Málaga ha conseguido completar uno de los elementos arquitectónicos que durante más de dos siglos han permanecido inconclusos. El templo ha culminado su frontón con la colocación de la última piedra, una intervención que llega 244 años después de que las obras de construcción quedaran paralizadas en 1782 y que permite recuperar el diseño histórico de su fachada principal.
Los trabajos, que se enmarcan en el proyecto de rehabilitación de las cubiertas de la Catedral, han permitido cerrar el remate de la fachada hacia la plaza del Obispo siguiendo las referencias arquitectónicas originales. La configuración del frontón estaba recogida en los dibujos del arquitecto Antonio Ramos, difundidos en una estampa grabada por Francisco Muntaner en 1784 y publicada en una colección dos años después.
Durante la segunda mitad del siglo XVIII, Antonio Ramos modificó el proyecto inicial de José de Bada, que contemplaba un frontón curvo, para plantear una solución triangular. Este cambio respondía a la necesidad de adaptar la parte superior de la fachada a la cubierta a dos aguas propuesta en 1764 por Ventura Rodríguez, arquitecto de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Sin embargo, la paralización de las obras dejó esta parte del templo construida aproximadamente hasta la mitad de los tres óculos de su primer nivel. Ahora, la ejecución de la nueva cubierta ha hecho necesario completar el frontón para garantizar su encuentro con la fachada principal.
Un trabajo de precisión para respetar la arquitectura original
Uno de los principales desafíos de la intervención ha sido adaptar las nuevas piezas a la geometría de una construcción histórica que presenta irregularidades propias del paso del tiempo. Para ello, los responsables de los trabajos han tomado como referencia el grabado de Muntaner y el sistema de proporciones empleado en la Catedral, relacionado con las reglas del arquitecto renacentista italiano Jacopo Barozzi da Vignola.
La piedra elegida para completar el conjunto ha sido la de Bateig, procedente de Alicante. Su composición, tonalidad y textura presentan una gran semejanza con los materiales de la fábrica histórica, lo que permite mantener la continuidad visual con los remates superiores del templo y sus torres, construidos con piedra procedente de las antiguas canteras de Almayate, en el entorno de Valle Niza.
En la intervención han participado los asentadores de piedra Guillermo Real, padre e hijo, que han trabajado conjuntamente en una actuación que también ha permitido transmitir los conocimientos tradicionales del oficio de cantería.
El proceso ha combinado técnicas tradicionales de talla manual con maquinaria contemporánea de control numérico. Asimismo, los sillares se han unido mediante mortero de cal y arena de río, siguiendo los procedimientos empleados históricamente en la construcción de la Catedral.
Sillares de hasta dos toneladas y media
La complejidad de la actuación no ha estado únicamente en el diseño y la elaboración de las piezas. Algunos de los sillares empleados alcanzan un peso cercano a las dos toneladas y media, por lo que su colocación ha requerido un sistema específico que garantizase la precisión y la seguridad durante el montaje.
Para ello, se ha instalado sobre el andamio de la fachada una estructura de puente grúa equipada con un polipasto. Este mecanismo permite controlar los movimientos de cada pieza y realizar su ajuste final sin depender directamente de las oscilaciones de la carga suspendida de la grúa principal.
Además, aunque la propia geometría y el peso de la fábrica proporcionan estabilidad al conjunto, se han incorporado refuerzos interiores mediante varillas de fibra de vidrio y grapas de acero inoxidable. Estos elementos, ocultos en el interior de la piedra, buscan mejorar la respuesta de la estructura ante posibles movimientos sísmicos.
Con la colocación de la última piedra, la Catedral de Málaga recupera un elemento fundamental de su proyecto arquitectónico original y pone fin a una espera de más de dos siglos. Una actuación que permite avanzar en la rehabilitación del templo y que devuelve a su fachada principal una parte de la configuración que quedó pendiente desde el siglo XVIII.
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