Sevilla, a 28 de junio de 2026
La Hermandad Sacramental de la Esperanza de Triana ha vivido este domingo 28 de junio, a las 12:30 horas, una jornada de profundo significado artístico y devocional con la presentación oficial de las nuevas esculturas de Santa Justa y Santa Rufina, realizadas por el escultor Ramón Cuenca. Estas imágenes, concebidas para ocupar los paños laterales del altar donde recibe culto San Juan Evangelista, se integran en el retablo barroco de la Capilla de los Marineros, aportando una renovación estética que respeta la unidad histórica del conjunto y refuerza la identidad espiritual de la corporación trianera.

Las tallas, de 1,05 metros de altura incluyendo sus peanas, han sido ejecutadas en madera de cedro, doradas con oro fino, estofadas al temple y policromadas al óleo, siguiendo una técnica que combina rigor académico y sensibilidad contemporánea. La hermandad destaca que la composición ha sido diseñada para funcionar tanto en su ubicación natural dentro del retablo como en otros contextos cultuales, manteniendo siempre la armonía entre ambas figuras. La gama cromática, inspirada en los tonos tradicionales de la cerámica trianera, y el dorado patinado, suavemente desgastado, permiten una integración perfecta con el retablo, cuyo envejecimiento natural ha generado una pátina singular que ahora dialoga con estas nuevas obras.
Santa Justa aparece sosteniendo una jarra de barro, símbolo del oficio alfarero que compartía con su hermana, mientras alza la palma del martirio, recordando que fue la primera en entregar su vida por la fe, falleciendo en prisión tras los tormentos sufridos. Santa Rufina, por su parte, dirige la mirada hacia Justa y recoge el manto con delicadeza; su cuello presenta la herida sangrante de la decapitación, testimonio de su martirio. A sus pies se dispone un lebrillo, nuevo guiño al oficio que las convirtió en referentes eternos de Triana. Ambas imágenes incorporan ojos de cristal, pestañas naturales, preseas doradas y pendientes que enriquecen su acabado, reforzando su presencia devocional.

Desde el punto de vista estilístico, las esculturas beben de una base mediterránea de influencia italianizante y levantina, enriquecida con gestos y fisonomías propias de la belleza costumbrista andaluza. Los rostros y peinados evocan los cánones del regionalismo de finales del siglo XIX y comienzos del XX, aportando una lectura contemporánea que no renuncia a la tradición. Con esta incorporación, la hermandad culmina una fase decisiva de enriquecimiento patrimonial, reafirmando su compromiso con la belleza al servicio de la fe y con la dignificación del culto a sus Titulares.
La jornada patrimonial se ha visto además enriquecida por la incorporación de una nueva obra pictórica a la Capilla de los Marineros: un valioso lienzo atribuido al pintor renacentista sevillano Luis de Vargas (1505–1567), que representa a Cristo Resucitado. La obra, realizada al óleo sobre tabla y estudiada por el catedrático Enrique Valdivieso González, presenta claras afinidades estilísticas con la producción del artista, uno de los principales introductores del clasicismo italiano en Sevilla tras su prolongada estancia en Roma. Con unas dimensiones de 162 x 75 centímetros (173 x 86 con marco), el lienzo se inscribe plenamente en la escuela sevillana del Renacimiento y probablemente formó parte de un retablo narrativo dedicado a la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Cristo se eleva sobre el sepulcro con una actitud solemne y triunfante, envuelto en un amplio manto rojo tratado con un acusado sentido espacial y una vibrante riqueza cromática. La anatomía responde a un dibujo elegante y clásico, fruto del profundo conocimiento del desnudo y del arte antiguo que caracterizó la madurez de Luis de Vargas. A su alrededor, los soldados romanos muestran un cuidado estudio de gestos y vestimentas, evocando modelos escultóricos italianos. Destaca especialmente la figura del soldado representado de espaldas, cuya postura introduce un refinado recurso manierista que intensifica la profundidad narrativa de la escena.
El color, cálido y luminoso, envuelve la figura de Cristo y contrasta con la intensidad del rojo del sayón sentado, dotando a la composición de una fuerza expresiva notable y un dramatismo contenido. Esta incorporación supone una aportación de especial relevancia dentro del reducido catálogo conservado de Luis de Vargas y reafirma su papel como figura clave en la asimilación del lenguaje renacentista italiano en la pintura sevillana.
Con estas dos nuevas obras —las esculturas de Santa Justa y Santa Rufina y el lienzo del Cristo Resucitado— la Hermandad Sacramental de la Esperanza de Triana continúa consolidando un legado artístico y devocional que embellece la Capilla de los Marineros, acrecienta el patrimonio heredado de generaciones anteriores y contribuye a la evangelización mediante el lenguaje universal de la belleza. Se trata de un patrimonio vivo, llamado a seguir siendo signo de devoción, testimonio de fe y expresión del compromiso cristiano que inspira la vida de la corporación.
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