Sevilla, a 14 de junio de 2026
La Hermandad Sacramental de la Esperanza de Triana ha dado un nuevo paso en la culminación del retablo del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, presentando el medallón central que corona la estructura y que se incorpora como una de las piezas más ambiciosas y simbólicas del patrimonio reciente de la corporación. Se trata de un imponente alto relieve de 1,90 metros de diámetro, concebido como un gran rosetón y ejecutado en madera de cedro, cuya realización se ha desarrollado en dos fases separadas por once años. La obra ha sido finalizada hace escasas fechas tras un exquisito proceso de dorado en oro fino Magnetti italiano y una cuidada policromía mediante estofado tradicional, con temple al huevo, cincelado y encarnaduras al pulimento del óleo.

El medallón toma como referencia uno de los iconos más reconocibles de la Sevilla del Renacimiento: el célebre lienzo de la Virgen de los Navegantes, pintado por Alejo Fernández en el siglo XVI para la Casa de la Contratación. La hermandad traslada ahora aquella imagen al lenguaje escultórico, recuperando la memoria de una ciudad que fue puerta y corazón de la Era de los Descubrimientos, periodo decisivo para la historia de España y para la propia identidad hispalense.
En el centro de la composición se eleva la Santísima Virgen de los Mareantes, majestuosa, suspendida sobre un cúmulo de nubes y ángeles que se apartan ante la luz de un amanecer celestial. Sus brazos abiertos evocan la acogida, protección e intercesión de Santa María hacia quienes se lanzaron a la aventura del Nuevo Mundo. El amplio manto azul de la Señora se despliega sobre los distintos estamentos sociales y religiosos que participaron en aquella empresa histórica. A su derecha aparecen Cristóbal Colón, fray Bartolomé de las Casas, fray Martín de Valencia, el cardenal Cisneros y religiosas concepcionistas, junto a indígenas bautizados que simbolizan la incorporación de nuevos pueblos a la fe cristiana.
En el lado opuesto se representa al emperador Carlos V, arrodillado en actitud orante, recordando el papel de la Corona en la consolidación de los territorios americanos. Junto a él se sitúan figuras estrechamente vinculadas a la gesta descubridora, como Rodrigo de Triana y uno de los hermanos Pinzón, esenciales para el éxito de la expedición colombina. Entre las nubes nacaradas que sostienen la escena aparece la inscripción “STELLA MARIS”, antigua advocación que proclama a la Virgen como guía de quienes surcan los océanos. Bajo sus pies descansa una esfera terrestre que muestra una representación idealizada de la Sevilla del siglo XVI, con la Giralda, la muralla medieval, la Torre del Oro y el histórico puente de barcas sobre el Guadalquivir. Como guiño afectivo hacia el barrio, se incorpora de forma anacrónica la Capillita del Carmen, junto a los arrabales de Triana y la Real Parroquia de Santa Ana.

La parte inferior del medallón se abre hacia un paisaje marino donde la luz divina transforma las aguas en un camino de Esperanza. Rayos dorados descienden desde el cielo iluminando el océano por el que avanzan las carabelas, portando las enseñas reales y simbolizando la fe, la confianza y las oraciones depositadas a los pies de la Virgen de los Mareantes.
Este extraordinario trabajo es fruto de la colaboración de destacados artistas del arte sacro contemporáneo. El dorado ha sido realizado por Francisco Pardo y Carli Lora; la orfebrería, por el taller de Ramos; y la imaginería y policromía, por Lourdes Hernández, con la colaboración de Irene Dorado Miret en las labores de estofado. Con esta incorporación, la hermandad culmina una fase esencial del retablo del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, enriqueciendo su patrimonio artístico y reafirmando su compromiso con la belleza al servicio de la fe.

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