Málaga. a 1o de junio de 2026
La ciudad de Málaga amaneció hoy con una noticia que ha sacudido profundamente a su vida cultural y cofrade: el fallecimiento de Ignacio A. Castillo, periodista de referencia y pregonero de la Semana Santa de 2026. Su marcha deja un vacío inmenso en un ámbito donde su voz, su criterio y su sensibilidad habían marcado una época.
Durante décadas, Castillo fue una presencia constante en la vida informativa de la ciudad. Su nombre se convirtió en sinónimo de rigor periodístico, de mirada honesta y de una forma muy particular de contar Málaga: desde sus barrios hasta sus templos, desde la actualidad municipal hasta el latido íntimo de las hermandades. Quienes trabajaron a su lado destacan su capacidad para unir profesionalidad y humanidad, una combinación que lo convirtió en una figura respetada dentro y fuera de las redacciones.
Su trayectoria estuvo siempre ligada a un compromiso profundo con la ciudad. No solo narró su Semana Santa: la vivió, la estudió y la defendió con la pasión de quien entiende que las cofradías son parte esencial del alma malagueña. Hermano del Cautivo, devoto de la Trinidad Coronada, y conocedor minucioso del patrimonio procesionista, Castillo fue durante años una de las voces más autorizadas del universo cofrade andaluz.
El 2026 había sido para él un año especialmente significativo. La designación como pregonero de la Semana Santa de Málaga fue recibida como un reconocimiento natural a toda una vida dedicada a explicar la fe, la tradición y la identidad de las hermandades. Su intervención en el Teatro Cervantes —emocionante, luminosa y profundamente malagueña— quedó grabada en la memoria de quienes llenaron el patio de butacas para escucharlo. Fue, para muchos, el pregón de un hombre que hablaba desde la verdad y desde la experiencia.
En el plano personal, Ignacio A. Castillo deja tras de sí un círculo familiar que fue siempre su mayor orgullo. Su esposa, Lourdes, y su hija, Paz, ocuparon un lugar central en su vida, así como sus padres y su hermano Jesús, con quienes compartía una relación marcada por la cercanía y la fe. Las muestras de cariño se han multiplicado desde que se conoció la noticia: hermandades, periodistas, instituciones y ciudadanos anónimos han querido expresar su dolor y su gratitud por todo lo que aportó a Málaga.
La ciudad pierde hoy a un periodista brillante, a un cofrade comprometido y a un malagueño que supo contar como pocos la esencia de su tierra. Su legado permanece en cientos de crónicas, entrevistas y reflexiones que seguirán siendo referencia para comprender la Semana Santa y la vida social de Málaga. Con su partida se apaga una voz imprescindible, pero queda el ejemplo de una trayectoria construida desde la honestidad, el trabajo y el amor profundo por su ciudad.
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