Sevilla, a 2 de abril de 2026
La ciudad de Estepa vuelve a vivir cada año una de sus noches más sobrecogedoras con la salida de la Franciscana Hermandad del Santísimo Cristo de la Salud, Nuestra Señora de la Amargura y San Juan Evangelista, conocida popularmente como El Calvario. Su estación de penitencia, que tiene lugar en la Madrugada del Jueves Santo, se ha consolidado como uno de los momentos más solemnes y esperados de la Semana Santa estepeña.
Fundada el 20 de abril de 1941, la corporación hunde sus raíces en la posguerra, cuando un grupo de excombatientes decidió crear una hermandad de acción de gracias por haber regresado con vida del conflicto. Desde entonces, la cofradía mantiene un marcado carácter de recogimiento y silencio, lo que le ha valido también el apelativo de Hermandad del Silencio.

La hermandad tiene su salida desde la Iglesia del Carmen, templo desde el que inicia su ascenso hacia la zona alta de Estepa, siguiendo una tradición que se remonta a su primera estación de penitencia, celebrada a las doce de la noche del Jueves Santo. Con el paso del tiempo, y para evitar coincidencias con otras corporaciones, la salida quedó fijada en la medianoche que da inicio al Jueves Santo, manteniendo intacto su carácter nocturno y penitencial.
En la actualidad, la corporación está encabezada por su Hermana Mayor, Pilar Reina Sesmero-Salas, y reúne a unos 300 nazarenos, cifra que se mantiene estable desde principios de siglo. Los penitentes visten túnica negra y antifaz blanco, un contraste que acentúa la sobriedad del cortejo.
El cortejo procesiona un único paso, de estilo gótico, portado por 24 costaleros bajo las órdenes de los capataces Jesús Joaquín Guerrero Luque y Juan Antonio Delgado Fernández. En él se representa la escena del Calvario con el Santísimo Cristo de la Salud, acompañado por Nuestra Señora de la Amargura y San Juan Evangelista, titulares de la corporación.

La ambientación sonora de la madrugada corre a cargo de la Capilla Musical “Nuestra Señora de la Victoria” de Estepa, cuya interpretación de piezas fúnebres y de capilla refuerza el clima de recogimiento que caracteriza a esta hermandad. La ausencia de bandas de cornetas y tambores es una seña de identidad que subraya su carácter austero.

A lo largo de su historia reciente, la hermandad ha vivido momentos difíciles, como la suspensión de su estación de penitencia en 2025 debido a la lluvia, cuando el paso se disponía a salir y una fina llovizna obligó a la corporación a regresar al templo. Un episodio que demuestra la fragilidad y, al mismo tiempo, la grandeza de una madrugada que depende del cielo tanto como del fervor de sus hermanos.
Hoy, El Calvario continúa siendo una de las expresiones más puras de la religiosidad estepeña: silencio, sobriedad, tradición y fe. Una hermandad que, desde 1941, mantiene viva una forma de entender la Semana Santa donde la emoción no se grita: se escucha en la oscuridad de la madrugada.

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